LA SEMIJÁ

La semijá es el posicionamiento de las manos sobre la cabeza, la transmisión del espíritu divino a otra persona. La semijá también consiste en un diploma que da fe acerca de los conocimientos e integridad moral de la persona que como rabino regirá el destino de una comunidad.


La semijá de nuestro rabino Bernardo Miller

Tenía ganas de compartir con todos la impresión que me causó estar por primera vez en mi vida en una ceremonia de semijá y los sentimientos encontrados que me produjeron los cambios que implican en Mishkan, un cambio de rabino, un cambio que para muchos se anunciaba y otros resistían.

Es difícil siempre conformar a todos, a muchos no nos gustan los cambios, y un modelo de esta resistencia en el ámbito que nos incumbe es la alegría que nos produjo inaugurar la nueva sinagoga en Sucre mientras al mismo tiempo gimoteábamos por los rincones evocando con nostalgia cuánto mejor habíamos estado en el living de la casa del rebe en la calle Padilla, sin tanta gente. O cuando en un shabat Bernardo nos sorprendía cambiándole la música al Lejá Dodi, o a algún salmo, y yo me peguntaba “¿porqué nos hace esto? Justo ahora que habíamos aprendido tan bien el ritmo, que hacíamos un coro perfecto, y de pronto otra vez aprender todo de nuevo.”

Nos costaba entender el mensaje de que debíamos estar preparados y alertas a los cambios y que a lo previsible, mecánico y obsesivo del ritual debíamos anteponerle la apertura de la creatividad. Nos costaba y aún nos cuesta hacer uso del aprendizaje que nos dejó Reuben Nisenbom como rabino cuando nos señalaba en sus prédicas que la necesidad de tener y seguir a líderes espirituales religiosos o políticos es una forma de dependencia que nos impulsa a veces a endiosarlos. Esto se paga con la libertad y la autonomía, sobretodo cuando esperamos que ese otro se haga cargo de nosotros y nos indique como vivir.

La ceremonia de Semijá de Bernardo fue bella, poética, ancestral y emotiva, imposición de manos que ya Moshé llevó a cabo con Josué, seguramente con alguna resistencia de algunos judíos, cuando le traspasó el mando. Un gesto bíblico de 35 siglos de antigüedad que nosotros repetimos en nuestra comunidad como signo de nuestra pertenencia a una tradición de la cual nos nutrimos hoy para vivir en plenitud el presente y proyectarlo en la construcción del futuro Mishkan es el proyecto de todos, proyecto que nos supera como personas individuales y nos dimensiona como constructores.

Yo aprendí a en Mishkan a ser judío con libertad creativa, a indagar en el pasado, a abrir en mi vida un espacio a lo sagrado, a leer e interpretar textos, a amar a Dios y a su Tora y a pensar en los Otros. Aprendí la diferencia entre comunidad y congregación.

La congregación implicaría, también, la posibilidad disgregación, pero Comunidad habla de un grupo humanos con lazos muy fuertes , como raíces entrelazadas.

Mishkan es una Comunidad y nosotros, sus miembros unidos por una historia común, por un saber común y por una misión como judíos, somos discípulos que aprendimos de Reuben muchas cosas, no solo para solaz de nuestras almas e intelecto sino para que hagamos algo, comunitariamente, con ese saber, lo despido con agradecimiento y quiero darle la bienvenida a Bernardo a La Comunidad de Mishkan, raíces y tronco de un árbol genealógico rabínico que comenzó con Nuestro maestro Reuben Nisenbon y hoy sigue con el Rabino Bernardo Miller uno de sus mejores frutos.

Victor Rubenoff




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