Parashat Pinjas

Escrito el: 28 de julio, 2016

La paz debe ser revelada

Por Diego Elman
Seminarista Rabìnico
Adjunto al Rabinato de la Comunidad Mishkán

«Sucedió que dos amigos se pelearon. Aarón fue y se sentó cerca de uno de ellos y le dijo: “Hijo mío, ¿qué es lo que está haciendo tu amigo? Golpea su corazón y rasga sus vestiduras diciendo: ‘¡Ay de mí! ¿Cómo puedo levantar los ojos y mirar a mi amigo? Me avergüenzo de mí por haberlo ofendido’”. Aarón se quedó sentado junto a él hasta que se fue el odio de su corazón. Entonces, fue y se sentó cerca del otro y le dijo: “Hijo mío, ¿qué es lo que está haciendo tu amigo? Golpea su corazón y rasga sus vestiduras diciendo: ‘¡Ay de mí! ¿Cómo puedo levantar los ojos y mirar a mi amigo? Me avergüenzo de mí por haberlo ofendido’”. Aarón se quedó sentado junto a él hasta que se fue el odio de su corazón. Cuando ambos se encontraron, se abrazaron y se besaron» (Avot de Rabí Natán).

Aarón, el sumo sacerdote, hermano de Moisés, es reconocido por la literatura rabínica no solo como un ohev shalom, amante de la paz, sino como alguien que en forma proactiva intervenía para que la paz fuera realidad. Era un rodef shalom, perseguidor de la paz (Pirkei Avot 1:12).

Nuestros Sabios nos enseñan que la paz es posible cuando se busca. Y que se logra a partir de actitudes y conductas.

En la secciòn de la Torá que leemos esta semana nos encontramos con un brit shalom, un pacto de paz. Pero en la palabra “shalom”, la letra vav (la o) aparece cortada por la mitad. Esta división nos muestra que para que la paz sea completa, se necesitan unir varias partes, no necesariamente aludiendo a diferentes personas, sino a que nosotros tenemos que unir nuestros propios fragmentos: el pensar, el sentir, el decir y el hacer. La bendición y el pacto de la paz están siempre allí, el problema es que, como estamos partidos, se nos escapan.

En nuestra tradiciòn muchas veces hablamos sobre el concepto de Tikùn olam (la reparación del mundo). Pero entiendo que no es posible llegar a ella sin primero trabajar en el Tikún atzmí. En un sentido profundo, es necesaria una reparación personal. Y no para recibir bendiciones (que siempre llegan), sino para poder retenerlas. Porque somos recipientes… pero con tantos agujeros, que dejamos escapar lo que recibimos. La labor, entonces, no es para recibir sino para retener, revelar, reconocer y agradecer. Por ello la necesidad de esforzarnos en pos de nuestra propia integridad, no solo para que la paz llegue, sino para que se quede.

Aprendí del Rab. Rami Shapiro:

«Paz no es la ausencia de conflictos,
es enfrentar al conflicto honrando la justicia.
Paz no es la ausencia del enojo,
es la expresión del enojo honrando la compasión.
Paz no es la ausencia del deseo,
es permitir la realización del deseo sabiendo que nada en la vida es
tan completo como para garantizarnos la felicidad.
Paz no es la ausencia de temor,
es saber cómo moverse más allá del miedo.
Que podamos crecer hacia los pasos de la paz.
Vivir con honor,
vivir con justicia,
vivir con deseo,
vivir con temor,
vivir y aceptar ser uno, único.
Y a su vez, pequeño y frágil ante la inmensidad de la Creación y su Creador».

Aceptarnos y repararnos puede lograr que la paz permanezca hasta la eternidad.

¡Shabat Shalom!

Diego Elman