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Mishkán, doce años de recorrido
Por Liliana Grinberg
Han transcurrido doce años desde aquel 1992, en que un poco más de diez personas pusieron todo su entusiasmo al servicio de un proyecto fantástico esbozado por el Rabbí Reuben Nisenbom. Evocar los primeros años transcurridos es evocar un Santuario. Ya la palabra enuncia un escenario y las escenas en él representadas. El escenario, entonces, era la casa del Rabbí en el pasaje Manuel Padilla. Las escenas: las clases, la ceremonia del Shabat, donde cada uno daba su ofrenda a modo de poesías y textos elegidos especialmente para compartir los viernes, itinerarios de bar- bat mitzvá, bendiciones, casamientos –siempre armando y desarmando el Aron Hakódesh para el traslado. La palabra Santuario nos remite a un lugar santo. Quizás por ello fue, para nosotros, una bienvenida con gran alegría.
A fuerza de leer, escuchar, recordar, la claridad de la mirada se nubla y las imágenes van y vuelven sustituyendo el encuentro original. Todo parece haber sido dicho; por ello es necesario afirmarse en la acción. Y la realidad existió: todos quienes se fueron acercando poco a poco sintieron la síntesis y el adjetivo oportuno. Ahora, al evocarlo, agradecemos. Ese santuario itinerante era el dibujo de nuestro propio peregrinaje. Y allí en las clases y en el Shabat percibimos la palabra, con sus matices e intensidades, como una confidencia. Allí sentimos la transferencia de la valía del Rabbí: ser hombre libre, defensor de los valores reformistas, su pluralismo. Allí tuvimos la certeza de que hay preguntas que no pueden ser contestadas. Sus principios tomaron forma legal en el Estatuto de la Fundación cuyo artículo cuarto enuncia el objeto: ....4.1) constituirse en un centro espiritual basado en las ideas de un judaísmo universal reformista y de acuerdo con las enseñanzas de la profecía hebrea en un centro ecuménico a fin de promover la paz, el diálogo, el entendimiento y amor y cuidado entre todos los hombres de este mundo...”. El Rabbí Nisenbom fue el Presidente de la Fundación, a la sazón Rabino del Santuario- Mishkán.
El vocablo Santuario nos remite a un lugar intimista, resguardado por puertas y ventanas, y la palabra Mishkán que designa la tienda que se transporta, parecerían términos contradictorios para definir aquel recinto sagrado. Pero ambos forman parte de su espíritu: el peregrinaje, y el rezo y la mirada del otro, como confidencia.
El primer Kol decía: Mishkán (Santuario): “una luz emanada del judaísmo desde donde los hombres podamos crear un mundo mejor en el que nos encontremos como hermanos en la riqueza de las diferencias”.
Y llegó otro tiempo que marcó un giro en la acción: el entusiasmo se puso entonces, en comprar un terreno para construir un Templo. El recorrido narrativo desde la idea hacia el Mishkán de la calle Sucre, no estuvo ausente de adversidades y adversarios. Mezquindades vecinales no querían un templo judío en el barrio. Quizás por miedo. A fines de 1998 se inaugura nuestro Templo y desde el año 2000 nos ilumina la luz que, desde la raja de vidrio nos recuerda nuestros ancestros.
La primera palabra creadora fue: “Que sea la luz” Esa es la voluntad original del Creador. Entonces el mundo ha sido creado para la luz total y absoluta; pero la luz verdadera sólo nos muestra la dirección y no se deja alcanzar. Permite atravesar las tinieblas, ver al otro, descubrirlo. Esa luz que se filtra en nuestro Templo nos da a cada uno, el instante, y a Mishkán, su historia.
Ahora nos toca construir otro Tiempo. Las funciones de Presidente y Rabino se han desdoblado en dos personas que creyeron, como nosotros, en aquella primera mirada. Diana Grzmot ha asumido en plenitud la responsabilidad de Presidenta de la Fundación, y los cantos de Bernardo son, hoy, cuerpo en nuestro Barúj Miller.
Ahora el Kol agrega: “Un judaísmo de puertas abiertas”
Liliana Grinberg es Escribana y Asesora Legal de la Fundación desde sus inicios.
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