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VAMOS A LA PLAZA
Por Gladys Minevitz y Beatriz Lewin
No se había acallado todavía el redoble de los “cacerolazos” del 2001, cuando pocas semanas después, ya estábamos instalados un grupo de voluntarios de Mishkán, los miércoles a las 21 Hs. en la Plaza de Barrancas de Belgrano, con nuestras dos enormes ollas (las “morochas”, que le dicen), atendiendo la cena que cada noche ofrecíamos las distintas instituciones barriales a las largas filas de mujeres, hombres y niños que nos esperaban.
Fue una experiencia muy fuerte; organizar la tarea para preparar, entre martes y miércoles la comida para 300 personas, conseguir las donaciones, adaptarse a la pequeña cocina de Mishkán de ese momento, inventar un guiso sano, sabroso y abundante, que llegara caliente en su bandeja descartable, y el pan, el jugo, la fruta,... conseguir el vehículo y voluntarios fornidos para trasladar todo eso y las pesadísimas ollas... Y llegar a la plaza, y vivir momentos inéditos para cada uno, nunca nos había pasado de tener que servir comida a tanta gente, sabiendo que tal vez era su único plato caliente del día, cartoneros, muchos con su familia, mujeres con hijos pequeños, ancianos, hombres vencidos por la desocupación.
Para nosotros fue la parte más difícil de la tarea, sentíamos una mezcla de pena y vergüenza ajena, ganas de llorar transformadas en ganas de ayudar, y eso fue lo que seguimos haciendo hasta hoy.
Ya pasaron más de dos años, 3 inviernos con guisos cada vez más ricos, 2 veranos con un completo salpicón de arroz. Por suerte se nos amplió el espacio, nos donaron una cocina con 4 hornallas y horno, y una gran heladera de 4 puertas.
Ahora se redujo la cantidad de comensales, algunos consiguieron trabajo, otros tendrán comedores más cerca de sus casas (los que la tienen). Siguen llegando cada miércoles no menos de 80 personas, muchos aún viven en la calle.
Nos conocen, los conocemos, hay sonrisas, nos agradecen y nos dicen: “Está muy rico Doña”, no son voraces, porque cuando pueden repetir el plato, algunos piden solo la mitad, y cuando les ofrecemos más pan, otros nos dicen que ya tienen suficiente. Nosotras nos sentimos felices, por esa cosa de “la Idishe Mame”, “nos comen todo”, sólo nos preocupa que alguna noche venga más gente “y nos pueda faltar” ... Y nos sobresalta todavía cuando se nos aproxima alguna persona que no conocemos, vestida un poco mejor (casi como uno, ¿vio?) y extiende su mano para que le sirvamos...Entonces, pensamos quien decide en este mundo cual es la mano que va a sostener el cucharón y cual la del plato? Y que nadie sabe cuando los lugares se pueden invertir...
Creo que ese instante, en que nuestras miradas se encuentran y nuestras manos casi se tocan, es SAGRADO, en el que nos percibimos como seres humanos, hermanos, tú me agradeces el alimento, yo te agradezco este amor que siento al ayudarte.
Con esta sensación, vamos guardando las cosas, la cena ha terminado, nuestros comensales se van alejando, quien sabe si entre ellos no nos habrá visitado un Ángel, ¿acaso, no hay relatos así en la Torá?.
También nos despedimos entre nosotros hasta el próximo miércoles, y con mi compañera nos besamos y nos decimos bajito: “La Mitzvá del día, Cumplida !!” .
Ah! Todavía nos queda el día siguiente: anotar que nos falta para la próxima. A ver... fideos, arvejas, puré de tomates, cubitos de caldo, especias, sal gruesa, papas, cebollas, zanahorias, ajíes, carne picada... En fin, ALGUIEN proveerá.
GRACIAS A TODOS.
Gladys Minevitz y Beatriz Lewin son voluntarias de Mishkán, en el Comedor Solidario que desarrollamos en la s Barrancas de Belgrano
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