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| EKEVDEUTERONOMIO 7:12 -
11:25
12 Ésta
será vuestra recompensa cuando obedezcáis estas ordenanzas y las
observareis y realizareis; El Eterno, tu Dios, guardará para ti el
pacto y la bondad que juró a tus antepasados. 13 El te
amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu
vientre y el fruto de tu Tierra; tus cereales, tu vino y tu aceite; la
simiente de tu ganado vacuno y los rebaños de tus ovejas y cabras en la
Tierra que Él les juró a tus antepasados que te daría. 14
Serás el más bendito de todos los pueblos; no habrá hombre estéril
ni mujer estéril entre vosotros ni entre vuestros animales. 15
El Eterno os alejará de todas las enfermedades; y todas las malas
dolencias de Egipto que conocisteis, Él no las pondrá sobre ti, sino
que las pondrá sobre todos vuestros enemigos. 16
Devoraréis a los pueblos que El Eterno, vuestro Dios, os entregará;
vuestro ojo no los compadecerá; no adoraréis sus dioses, pues es una
celada para vosotros. 17 Tal vez digas en tu corazón:
«Estas naciones son más numerosas que yo; ¿cómo podré expulsarlas?».
18 ¡No les temas! Recordarás lo que El Eterno, tu
Dios, le hizo al Faraón y a todo Egipto. 19 Las
grandes pruebas que vieron tus ojos, y las señales, las maravillas, la
mano fuerte y el brazo extendido con que El Eterno, tu Dios, te sacó;
así hará El Eterno, tu Dios, con todos los pueblos a los que temes. 20
También el enjambre de avispas les enviará El Eterno, tu Dios, a
ellos, hasta que los sobrevivientes y los ocultos perezcan ante ti. 21
No te quebrantarás ante ellos, pues El Eterno, tu Dios, está entre
vosotros, un Dios grande y temible. 22 El Eterno,
vuestro Dios, expelerá a estas naciones de ante vosotros poco a poco,
no podréis aniquilarlos rápidamente, para que las bestias del campo no
se incrementen en tu contra. 23 El Eterno, tu Dios, los
entregará ante ti y sembrará entre ellos gran confusión, hasta su
destrucción. 24 Entregará a sus reyes en tu mano y harás que su
nombre desaparezca de bajo el cielo; ningún hombre se te enfrentará
hasta que los hayas destruido. 25 Las imágenes
talladas de sus dioses las quemarás en el fuego; no desearás y tomarás
para ti la plata y el oro que hay sobre ellas, para que no caigas en su
celada, pues es una abominación a El Eterno, tu Dios. 26
Y no traerás una abominación a tu casa, quedando proscrito igual que
ella; ciertamente la aborrecerás y ciertamente la abominarás, pues es
cosa proscrita. 8 1 Todo el precepto
que te ordeno hoy lo observaréis para realizarlo, para que podáis
vivir e incrementaros, y vengáis y toméis posesión de la Tierra que
El Eterno juró a vuestros antepasados. 2 Recordarás
todo el camino por el que te condujo El Eterno, tu Dios, estos cuarenta
años en el Desierto para afligirte, para probarte, para saber qué hay
en tu corazón, a ver si observabas Sus preceptos o no. 3
Él te afligió y te hizo pasar hambre, luego Él te alimentó con el
maná que tú ni tus antepasados conocían, para hacerte saber que no sólo
del pan vive el hombre, sino que de todo lo que emana de la boca de Dios
vive el hombre. 4 Tu vestimenta no se desgastó sobre
ti y tus pies no se hincharon durante esos cuarenta años. 5 Debes
saber en tu corazón que así como un padre castiga a su hijo, así El
Eterno, tu Dios, te castiga. 6 Observarás los
preceptos de El Eterno, tu Dios, para ir por sus caminos y temerle. 7
Pues El Eterno, tu Dios, te trae a una buena Tierra: una Tierra
con corrientes de agua, de fuentes y agua subterránea que emana del
valle y de la montaña; 8 una Tierra de trigo, cebada,
vid, higueras y granados, Tierra de olivos de aceite y miel de dátiles;
9 una Tierra donde comerás pan sin pobreza, no te
faltará allí nada; una Tierra cuyas piedras son de hierro y de cuyas
montañas extraerás cobre. 10 Comerás y te saciarás,
y bendecirás El Eterno, tu Dios, por la buena Tierra que te dio. 11
Ten cuidado de no olvidar a El Eterno, tu Dios, de no observar
Sus preceptos, Sus ordenanzas y Sus decretos, que yo te ordeno hoy, 12
para que no comas y te sacies, y construyas casas buenas y te
establezcas, 13 y se incrementen tu ganado vacuno y tus
ovejas, y aumente la plata y el oro para ti, y todo lo que poseas se
incremente, 14 y que tu corazón no se vuelva arrogante
y te olvides de El Eterno, tu Dios, Quien te sacó de la tierra de
Egipto de la casa de la esclavitud, 15 Quien te conduce
a través del gran y temible Desierto, de serpientes, víboras,
escorpiones y la sed, por donde no había agua y hace surgir agua para
ti de la roca del peñasco, 16 Quien te da de comer maná
en el Desierto, al que tus antepasados no conocieron, a fin de afligirte
y a fin de probarte, para hacerte bien en tu final. 17
Y podrás decir en tu corazón: «¡Mi fuerza y el poder de mi mano me
hicieron toda esta riqueza!». 18 Entonces recordarás
a El Eterno, tu Dios: que fue Él Quien te dio fuerza para acumular
riqueza, a fin de establecer Su pacto que juró con tus antepasados,
como este día. 19 Ocurrirá que si olvidas a El
Eterno, tu Dios, y vas tras los dioses de otros y los adoras y te
postras ante ellos, yo atestiguo hoy contra ti que ciertamente perecerás
20 como las naciones que El Eterno hace que perezcan ante ti,
así tú perecerás porque no has hecho caso de la voz de El Eterno, tu
Dios. 9 1 Oye,
Israel, hoy cruzas el Jordán, para venir y heredar a naciones más
grandes y más poderosas que tú, ciudades que son grandes y
fortificadas hasta los cielos, 2 un pueblo grande y
elevado, hijos de gigantes, que conociste y de los que has oído: «¿Quién
puede enfrentarse a los hijos del gigante?». 3 Pero tú
sabes hoy que El Eterno, tu Dios, Él cruza delante de ti, Él es un
fuego que consume; Él los destruirá y Él los someterá ante ti; tú
los expulsarás y harás que perezcan rápidamente, tal como te dijo El
Eterno. 4 No digas en tu corazón, cuando El Eterno los
expulse de ti, diciendo: «A causa de mi rectitud El Eterno me trae a
que posea esta Tierra, y a causa de la perversidad de estas naciones El
Eterno las expulsó de ante ti». 5 No es por tu
rectitud y honradez que vienes a poseer su Tierra, sino que El Eterno,
tu Dios, los expulsa a estas naciones de ti por su perversidad, y a fin
de establecer la palabra que El Eterno juró a tus antepasados, a
Abraham, a Itzjak (Isaac) y a Iaacov (Jacob). 6 Y debes
saber que no por tu rectitud te da El Eterno, tu Dios, esta buena Tierra
como posesión, pues eres un pueblo obstinado. 7
Recuerda, no te olvides, que provocaste a El Eterno, tu Dios, en el
Desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto hasta vuestro
arribo a este sitio, habéis sido rebeldes contra El Eterno. 8
Y en Joreb provocasteis a El Eterno, y El Eterno Se enojó con vosotros
para destruiros. 9 Entonces yo subí a la montaña para
recibir las Tablas de piedra, las Tablas del pacto que El Eterno selló
con vosotros, y permanecí en la montaña
durante cuarenta días y cuarenta noches; pan no comí, y agua no bebí.
10 Y El Eterno me dio las dos Tablas de piedra,
inscriptas con el dedo de Dios, y sobre ellas estaban todas las palabras
que El Eterno habló con vosotros en la montaña, de en medio del fuego,
el día de la congregación. 11 Fue al cabo de cuarenta
días y cuarenta noches que El Eterno me dio las dos Tablas de piedra,
las Tablas del pacto. 12 Entonces El Eterno me dijo: «Levántate,
baja rápido de aquí, pues el pueblo que sacaste de Egipto se ha
corrompido; se descarrió rápidamente del camino que le mandé; se hizo
una imagen fundida». 13 El Eterno me dijo, diciendo:
«He visto a este pueblo, y he aquí que es un pueblo obstinado. 14
¡Déjame, y lo destruiré y borraré su nombre de bajo los
cielos, y haré de ti una nación más poderosa y más numerosa que
ellos!». 15 Entonces di vuelta y bajé de la montaña
mientras la montaña ardía en fuego, y las dos Tablas del pacto estaban
en mis dos manos. 16 Entonces vi y he aquí que habíais
pecado a El Eterno, vuestro Dios; os hicisteis un becerro fundido; os
descarriasteis rápidamente del camino que El Eterno os ordenó. 17
Yo tomé las dos Tablas y las arrojé de mis dos manos, y las
destruí ante vuestros ojos. 18 Entonces me postré
ante El Eterno como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches,
pan no comí y agua no bebí, a causa de todo vuestro pecado que
cometisteis, de hacer lo que es malo a los ojos de El Eterno, de hacerlo
enojar; 19 pues tuve terror de la ira y la ardiente cólera
que provocó a El Eterno contra vosotros para destruiros; y El Eterno me
hizo caso también esa vez. 20 El Eterno se enojó
mucho con Aarón y quiso destruirlo, por lo que también recé por Aarón
en ese momento. 21 Vuestro pecado que cometisteis, el
becerro, lo tomé y lo quemé con fuego y lo pulvericé, moliéndolo
bien, hasta que quedó como polvo fino, y lo
arrojé al arroyo que descendía de la montaña. 22
Y en Taberá, en Masá y en Kibrot-Hataavá provocasteis a El Eterno, 23
y cuando El Eterno os envió de Kadesh-Barnea, diciendo: «Subid
y poseed la Tierra que os he dado», entonces os rebelasteis contra la
palabra de El Eterno, vuestro Dios; no creísteis en El y no hicisteis
caso de Su voz. 24 ¡Habéis sido rebeldes contra El
Eterno desde el día en que os conocí! 25 Yo me postré
ante El Eterno, durante cuarenta días y cuarenta noches me postré al
suelo, pues El Eterno había pensado en destruiros. 26
Le recé a El Eterno y dije: «Señor mío, El Eterno, no destruyas a tu
pueblo y a tu legado que redimiste en Tu grandeza, que sacaste de Egipto
con mano fuerte. 27 Recuerda a Tus servidores, Abraham,
Itzjak (Isaac) y Iaacov (Jacob); no repares en la obstinación de este
pueblo, ni en su maldad ni en su pecado, 28 para que la
tierra de la que lo sacaste no diga: Como El Eterno no tuvo la capacidad
de traerlos a la Tierra de la que les habló, y a causa de Su odio hacia
ellos, los sacó para dejar que murieran en el Desierto. 29
Sin embargo, ellos son Tu pueblo y Tu posesión, a los que sacaste con
Tu gran fuerza y con Tu brazo extendido». 10 1 En ese momento,
El Eterno me dijo: «Talla para ti dos Tablas de piedra como las
primeras, y sube hacia Mí a la montaña, y haz un Arca de madera para
ti. 2 Y Yo inscribiré sobre las Tablas las palabras
que había sobre las primeras Tablas
que destruiste y las colocarás en el Arca». 3
Entonces yo hice un Arca de madera de acacia y tallé dos Tablas de
piedra como las primeras; luego ascendí a la montaña con las dos
Tablas en mi mano. 4 Él inscribió sobre las Tablas,
según el primer escrito, los Diez Mandamientos que El Eterno me dijo en
la montaña de entre medio del fuego, el día de la congregación y que
El Eterno me dio. 5 Yo me di vuelta, bajé de la montaña
y coloqué las Tablas en el Arca que había hecho, y allí permanecieron
tal como había ordenado El Eterno. 6 Los Hijos de
Israel se trasladaron de Beerot-Bene-Iaakán a Moserá; allí murió Aarón
y allí fue enterrado, y Elazar su hijo ofició en su lugar. 7 De
allí se trasladaron a Gudgod, y de Gudgod a Iotvá, tierra de arroyos. 8
En ese momento, El Eterno separó a la tribu de Levi para que
transportara el Arca del pacto de El Eterno, para que se parara frente a
El Eterno para oficiarle y para que bendiga en Su Nombre hasta el día
de hoy. 9 Por eso Levi no tuvo parte ni legado con sus
hermanos; El Eterno es su posesión, tal como dijo de él El Eterno, tu
Dios. 10 Yo permanecí en la montaña como en los
primeros días, cuarenta días y cuarenta noches, y El Eterno me escuchó
también esta vez y no quiso destruirte. 11 El Eterno
me dijo: «Levántate y ve delante del pueblo en la travesía; que vayan
y posean la Tierra que les juré a sus antepasados que les daría». 12
Ahora, Israel, ¿qué te pide El Eterno, tu Dios? Únicamente
que Le temas a El Eterno, tu Dios, que vayas por todos Sus caminos y Lo
ames, y que sirvas a El Eterno, tu Dios, con todo tu corazón y con toda
tu alma, 13 que observes los preceptos de El Eterno y
Sus decretos que yo te ordeno hoy, para tu beneficio. 14
He aquí que a El Eterno, tu Dios Le pertenecen el cielo y el cielo de
los cielos, la tierra y todo lo que hay en ella. 15 Únicamente
a tus antepasados El Eterno
quiso amar, y El eligió a su simiente tras de ellos, a vosotros, de
entre todos los pueblos, como en este día. 16 Cortaréis
la cubierta de vuestro corazón y ya no seréis obstinados. 17 Pues
El Eterno, vuestro Dios, Él es el Dios de los dioses y el Amo de los
amos, el Grande, el Poderoso y Temible Dios, Quien no demuestra
favoritismo y Quien no acepta soborno. 18 Él cumple
con la justicia del huérfano y la viuda, y ama al prosélito para darle
pan y ropa que vestir. 19 Amaréis al prosélito pues
extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. 20 A El
Eterno, tu Dios, temerás, a Él servirás, a Él te unirás y en Su
Nombre jurarás. 21 Él es tu alabanza y Él es tu
Dios, Quien hizo por ti estas grandes e imponentes cosas que vieron tus
ojos. 22 Con setenta almas descendieron a Egipto tus
ancestros y ahora El Eterno, tu Dios, te ha hecho como las estrellas del
cielo en abundancia. 11 1 Amarás a
El Eterno, tu Dios, y guardarás Su custodia, Sus decretos, Sus
ordenanzas y Sus preceptos, todos los días. 2 Debes
saber hoy que (vosotros) no sois tus hijos, que no conocieron y que no
vieron el castigo de El Eterno, tu Dios, Su grandeza, Su mano fuerte y
Su brazo extendido; 3 Sus señales y Sus proezas que
realizó en medio de Egipto, al Faraón, rey de Egipto, y a toda su
tierra; 4 y lo que Le hizo al ejército de Egipto, a
sus caballos y a sus jinetes, a los que cubrió con las aguas del Mar
Rojo cuando ellos os perseguían, y El Eterno hizo que
perecieran hasta este día; 5 y
Lo que hizo por vosotros en el Desierto, hasta que llegasteis a este
sitio; 6 y Lo que hizo con Datán y Aviram, hijos de
Eliab, hijo de Reuben (Rubén), cuando la tierra abrió su boca y se
tragó a ellos y a sus familias, y sus tiendas y todas las fortunas que
había a sus pies, en medio de todo Israel. 7 Sino que
todo eso está en tus propios ojos, que ven toda la gran obra de El
Eterno, que Él hizo. 8 Y observaréis todo el precepto
que yo os ordeno hoy, para que seáis fuertes, y vengáis y poseáis la
Tierra por la que cruzáis el Jordán para poseerla, 9 y
para que prolonguéis vuestros días sobre la Tierra que El Eterno juró
a vuestros antepasados que les daría, a ellos y a su descendencia, una
Tierra donde fluye la leche y la miel. 10 Pues la
Tierra a la que venís para poseerla, no es como la tierra de Egipto de
la que os fuisteis, donde plantabas tu semilla y la regabas a pie, como
un huerto de vegetales. 11 Pero la Tierra por la que
cruzáis para poseerla es una Tierra de montañas y de valles; de la
lluvia del cielo beberá agua; 12 una Tierra que El
Eterno, tu Dios, busca; los ojos de El Eterno, tu Dios, siempre están
sobre ella, desde el comienzo del año hasta el fin del año. 13 Ocurrirá
que si obedecéis Mis preceptos que Yo te ordeno hoy, de amar a El
Eterno, vuestro Dios, y de servirlo con todo vuestro corazón y con toda
vuestra alma, 14 entonces Yo proporcionaré lluvia para
vuestra Tierra en su momento propicio, las primeras y las últimas
lluvias, para que puedas cosechar tus granos, tu vino y tu aceite. 15
Proporcionaré hierbas en tu campo para tus vacunos y comerás
y te saciarás. 16 Sed precavidos, para que vuestro
corazón no sea seducido y os descarriéis y sirváis a dioses de otros
y os postréis ante ellos. 17 Entonces la ira de El
Eterno arderá contra vosotros y Él frenará el cielo para que no haya
lluvia, y el suelo no producirá su cosecha; y rápidamente seréis expulsados de la buena Tierra que
El Eterno os da. 18 Colocaréis estas palabras Mías
sobre vuestro corazón y sobre vuestra alma; las ataréis como señal
sobre vuestro brazo y que sean como insignia entre vuestros ojos. 19
Se las enseñaréis a vuestros hijos para hablar de ellas, mientras estás
sentado en tu casa, mientras vas por el camino, cuando te vas a dormir y
cuando te levantas. 20 Y las escribirás en las jambas
de tu casa y sobre tus portales. 21 A fin de prolongar
vuestros días y los días de vuestros hijos sobre la Tierra que El
Eterno juró a vuestros antepasados que les daría, como los días del
cielo sobre la tierra. 22 Porque si observareis todo
este precepto que te ordeno, para realizarlo, para amar a El Eterno,
vuestro Dios, para ir por todos Sus caminos y para uniros a Él, 23
El Eterno expulsará a todas estas naciones de ante vosotros, y expulsaréis
a naciones más grandes y más poderosas que vosotros mismos. 24
Todo sitio sobre el que pise la planta de vuestro pie será vuestro:
desde el Desierto y el Líbano, desde el río, el Río Éufrates, hasta
el Mar Occidental, será vuestro límite. 25 Ningún
hombre se enfrentará a vosotros; El Eterno, vuestro Dios, impondrá
temor y miedo sobre toda la faz de la tierra sobre la que piséis, tal
como Él os dijo. |
Mcal. Antonio J. De Sucre 1420/24 - (1428) Capital
Federal - Buenos Aires - Argentina |