...Kedoshim
Tihiu Ki Kadosh Ani Adonai Eloheijem (Santos habéis de ser, ya que Soy Yo
Santo) Lev. 19:2.
...
Ve ahavta Lereajá Kamoja ... Le. 19:18 (Y amarás a tu prójimo como a tí
mismo)
En
principio dos textos de la Torah. Pero cuando nos inspiramos en comprender el
mensaje que estas palabras traen a nosotros en este día, en este presente que
vivimos, las puertas de la iluminación se abren para que podamos entrar por
ellas.
Se
manifiestan dos maneras de ser en el espíritu de Servicio hacia lo Eterno de
la Vida , hacia la humanidad toda como el reflejo de una Gran Conciencia
siendo en Dios para devenir en Torah, en Iluminación.
Tal
vez sea esa la tarea en la que nos encontramos: ser seres humanos captando que
no estamos desligados del Espíritu Supremo Eterno, sino que somos el mismo
Espíritu de Dios manifestándose en humanidad con el fin ser en El siendo en
nosotros mismos.
Ser
en Dios. Ser en la Luz. Ser en Espíritu.
La
Santidad está impresa en cada alma que despliega su luz sobre la faz de la
tierra y puede tomar contacto con ella sabiendo que no hay distancia, sino que
simplemente la unidad se manifiesta en una gran diversidad de rostros que se
observan mutuamente en un intercambio energético constante.
Ser
Santos no es un título que alimenta nuestro ego y nos diferencia del otro.
Ser Santo es el compromiso que asumimos en el mismo instante que podemos
reconocer que nuestro trabajo en el mundo que vivimos es Servir en Santidad al
Creador, siendo en Su Santidad impresa en la Vida como “Verdad más
allá de las afirmaciones humanas”.
La
Vida se nos manifiesta cada día en infinitas posibilidades, en donde vamos
desandando el camino de acuerdo con creencias que hemos adoptado, con
pensamientos que afirmamos como absolutos, con razones que defendemos a
ultranza y con muchas más expresiones que transforman lo sencillo y bello en
complicado y denso.
La
Santidad aparece cuando podemos “saber” que la melodía que resuena hoy es
única y el “conocimiento” se manifiesta cuando podemos cantar y danzar
con ella siendo ella misma. Sin resistirnos a sus notas y silencios,
escuchando lo que nos sugiere y no lo que queremos escuchar.
De
esa escucha de la Canción Sagrada aparece el Camino Supremo a desandar en el
respeto y la responsabilidad con el mundo que nos rodea.
Amar
a nuestro prójimo “HUMANO” como a nosotros mismos es amarnos siendo en
Dios. Es expresarnos a través de un Amor Incondicional que nos permite
hermanarnos para iluminar Su Creación.
Y
esa Hermandad, esa Iluminación, ese Amor, son el reflejo de lo que vamos
haciendo. El verbo creador se hace carne en nosotros en la vida cotidiana para
poder expresar Su Santidad. Por ello no podemos cortar el flujo de amor Divino
que pasa por nosotros con la densidad de nuestro propio ego, sino que tenemos
la bendición de ser El Amor mismo siendo amorosos, siendo Santos.
Cuando
la palabra se torna en densidad de materia se transforma en un arma cruel y
filosa que lastima al otro hasta lo más profundo de su ser. Ahí aparece la
necesidad de defenderse y de armarse aún más en el nombre de esa defensa.
Pero cuando la palabra se ofrenda en santidad y belleza “acaricia” el alma
de nuestro hermano y allí se establece un Templo en donde cada uno de
nosotros deviene en un ser de Luz.
Que
este Shabat Sagrado nos envuelva en Su Luz y que la Belleza de Su rostro nos
santifique y nos de la posibilidad de ser cada día mas amorosos y más
respetuosos de la vida.
Baruj
Atah Adonai, Mekadesh Hashabat.
Bendito
Seas Oh Dios, que Santificas el Shabat.
Amen.
Rabbi
Baruj Miller